“Si entonamos la canción de la conciencia hasta sentir la quemadura de la verdad, arrojaremos una llamarada de fuego a la oscuridad de la psique y veremos lo que estamos haciendo, lo que estamos haciendo de verdad, no lo que queremos creer que estamos haciendo. Así desenredamos nuestros sentimientos y empezamos a comprender la razón por la cual el amor y la vida se tienen que vivir a través de los huesos. 

Tres cosas distinguen el vivir del alma del vivir exclusivamente del ego y son: la capacidad de percibir y aprender nuevas maneras de hacer las cosas, la tenacidad de recorrer un camino accidentado y la paciencia para amar profundamente y durante mucho tiempo. 

Una persona que ha desenredado a la Mujer Esqueleto sabe lo que es la paciencia y sabe esperar. No se espanta ni se asusta ante la escasez. Y no se siente abrumada por el cumplimiento de sus deseos. Su necesidad de alcanzar las cosas “enseguida” se transforman en el arte más refinado de buscar todas las facetas de la relación y observar cómo actúan los ciclos. No teme entrar en contacto con la belleza de la ferocidad, con la belleza de lo desconocido y con la belleza de lo no bello. 

Aprendamos, haciéndole a la naturaleza Vida/Muerte/Vida preguntas directas acerca del amor y prestemos atención a esa voz interior.  Aprenderemos a prestar atención a lo que oimos… a todas las cosas que nos acercan cada vez más a la aguda conciencia, al amor a la lealtad y a la clara visión del alma. 

Es lo que aguarda a todos los que tocan su no belleza y desenredan con ternura su naturaleza. “

 

Clarissa Pinkola Estés

“Mujeres que corren con los lobos.” 

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